10 dosis de realidad clínica y supervivencia poética para las 2 de la mañana.
Para cualquier persona que lleve años en una relación que se ha quemado y no sepa cómo dar el paso. O para quien esté en pleno duelo amoroso y sienta que no es capaz de salir del pozo.
"Cuando te rompes, te disocias. Tu mente te hace creer que ya no eres capaz de nada. Piensas: 'Yo soy una persona fuerte, nunca creí que pudiera romperme así'. Te enfrentas a esa parte de ti que no reconoces como tuya."
"Las pastillas no curan, solo anestesian para no sentir dolor durante un rato. La salida no es adormecerte: es expulsar el veneno en palabras."
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No hay consejos de taza de desayuno ni psicología barata. Son 10 dosis escritas desde 20 años de práctica asistencial en psiquiatría y 8 años de supervivencia en carne viva.
Lo que sientes los primeros días no es un destino trágico; es síndrome de abstinencia dopaminérgica puro. Trátalo como desintoxicación.
Si una arteria sangra, se presiona. Si un mensaje te desangra, se corta la hemorragia sin pedir disculpas.
Aguantar migajas para «salvar» una relación que se apaga es quedarte a vivir debajo de la mesa.
Te convencen de que tú encendiste la cerilla. Aprende a devolver la responsabilidad a quien le corresponde y dejar de culparte.
A esa hora la mente delira y el sistema simpático se dispara. Coge papel y boli y escúpelo. Mañana agradecerás no haber enviado ese mensaje.
Llorar y sentir rabia es estar vivo. Lo verdaderamente peligroso fueron los años en los que te adormeciste para no sentir nada.
No busques respuestas que nunca te van a dar. Cierra el expediente tú mismo.
La verdadera reconciliación no es con la otra persona; es contigo mismo frente al espejo.
La rabia quieta se pudre; la rabia en movimiento se convierte en tu propio renacer.
Si has salido vivo de ahí, ya no te tumba nada.
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